jueves, 4 de febrero de 2016

Panteón


 La pareja contrastaba con la idoneidad de la escena. Una terraza, altos calefactores de llama a los lados, un gran ramo de rosas en la mesa, el París de las grandes historias de amor bullendo a su alrededor... y toda esa efervescencia, fácilmente inflamable, quedaba consumida en sus silencios. El tiempo no espera al inmóvil, y el café se había enfriado.  No hubo últimas palabras, y las que hubo, no las recuerdan. Él caminó despacio, dejándola atrás en la cafetería. Antes de cruzar el puente, regaló el ramo a una papelera. Varios días adornó la esquina aquel singular mausoleo de flores rojas, aviso al transeúnte despistado, como testimonio del deceso.

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