sábado, 23 de enero de 2016

¿Quién?

¿Podrías quedarte un rato?

El médico se dio la vuelta, apoyándose en el marco de la puerta. Eran las 4 de la mañana, pero él ya había perdido la cuenta de las horas que llevaba de guardia.

¿Necesitas algo más?respondió mecánicamente. La joven giró la cabeza hacia la puerta con algo de esfuerzo, y por primera vez se miraron los rostros con atención. Debían compartir edad, aunque la de ella se perdiera en el maquillaje y la de él en las ojeras. Ella tardó un poco en contestar.

Solo me gustaría que te quedases. No quiero quedarme sola otra vez.

Solo unos minutos. Enseguida tengo que ir a ver otro paciente—. No era cierto, pero no quería comprometerse, que luego venían los problemas. Se dirigió al único sillón que había, y gracias. Estaba más allá de la cama, de forma que la chica lo observó mientras que, con aspecto cansado, atravesaba la habitación de lado a lado.

Gracias, pensaba que no ibas a quedarte.
No te preocupes, si no me viene mal sentarme un poco. Llevo muchas horas ya.


La chica se quedó callada. Se observaron mutuamente unos segundos, hasta que ella reposó su cabeza sobre la almohada y se quedó mirando al techo.

—¿Sabes si es grave?—dijo ella tras unos minutos—. Estáis todos como muy callados.
—Es que todavía no sabemos nada, hasta que nos lleguen los resultados.
— Ya... —la joven puso los ojos en blanco y se puso de lado, colocándose en posición fetal bajo la sábana. Tras unos segundos, dijo— ¿Puedo ser sincera contigo?

El jóven médico no supo cómo reaccionar. No era la primera vez que un paciente le hablaba con una confianza impropia de la relación que tenían, pero el poco tiempo que llevaba allí ya le había ayudado a ir entendiéndolo. Tras la impresión inicial, solo pudo asentir levemente con la cabeza.


¿No llevas mucho aquí, verdad?dijo la joven.
— Un par de semanas. ¿Por qué? — dijo él, superado por la curiosidad.
— Lo sé por cómo me miras. Ya nadie me mira así aquí.
 — Pero a qué te refieres? Así, ¿cómo?
—Así — hizo una pequeña pausa, en la que aprovechó para subir un poco la sábana sobre sus hombros—. Sin juzgarme. De hecho, nadie me miraba como tú desde hace mucho tiempo, en ningún sitio.
El joven se sintió algo incómodo. No recordaba haberla mirado de una forma distinta al resto de pacientes, ni haberle prestado especial atención.
No sé a qué te refieres —hizo una pequeña pausa para suavizar lo que iba a decir a continuación—. Te he mirado normal.
—A eso precisamente me refiero. Ahora mismo son alguien normal para ti. Pero en cuánto salgas por la puerta irás a preguntarles a tus compañeros, y mientras atiendes a otros pacientes pensarás en lo que te han dicho, y cuando vuelvas a entrar por esa puerta, ya no serás el mismo, porque me mirarás como ellos.

— Eso no es así— dijo sin apenas pensarlo y negando con la cabeza.
— Sí lo es—contestó ella mirando hacia la pared.

 Después se quedaron en silencio, una vez más. No había más qué decir. Ninguno de los dos se miraba, haciendo huir la vista hacia las esquinas de la habitación. Él se levantó entonces y se dirigió a la puerta, sin mirar atrás.

— Lo siento, pero tengo que irme—dijo al levantarse.

Ella, sin mover siquiera la cabeza, lo siguió nuevamente con la vista hasta la puerta. Cuando llegó hasta allí, dijo —Oye— esperó a que se diera la vuelta— . Encantada de haberte conocido.

Él la miró durante unos segundos.

— No voy a hablar con nadie.

lunes, 11 de enero de 2016

Amistad

Mostraba el morro de vez en cuando. Puso el intermitente a la derecha. No me costó adelantarle. Al ponerme delante, activé un par de veces las luces de emergencia. Me echó un par de veces las largas. En veinte segundos lo perdí de vista en mi retrovisor.

Fue una amistad corta.