miércoles, 9 de diciembre de 2015

Inminente


Me temo que he llegado tarde.

Dos de las cuatro sillas habían quedado apartadas de la mesa, certificando el número de asistentes y la precipitación con la que abandonaron la sala. Aún salía humo del cigarro medio apagado que agonizaba en el cenicero. En el ambiente flotaba el aroma a conspiración que desprenden las grandes historias, la certeza del crimen inminente.

Intenté encontrar alguna pista de dónde habían ido, de dónde se produciría el asesinato. Restos de comida en la mesa, imágenes en varios tablones de corcho de mí en mis peores días, mi mujer, algunas de mis amantes, mis hijos, mi psicóloga y mis otros hijos, pasaportes falsos, nombres y fechas sin sentido aparente desperdigados en decenas de papeles. Nada relevante. Solo sentí curiosidad por saber de dónde habrían sacado lo de Nadia. No había mucho más donde buscar en un piso prácticamente vacío.

Decidí entonces aceptar lo inevitable. Estaba cansado de huir. El crimen se produciría aquí mismo. Me quité la chaqueta y la coloqué cuidadosamente en una de las sillas, que previamente había puesto al fondo para que no se manchara la prenda. Cogí la otra, la puse a unos tres metros frente a la puerta y me senté en ella. En algún momento tendrían que volver, farfullando por su nuevo fracaso, del lugar en el que mi rutina me situaba.

El cañón plomizo de mi revolver, apuntando directamente hacia la puerta, les estaría esperando.


1 comentario:

  1. Retazos de un polar. Bien construido. Me gusta, pero quedo sin enterarme de quién es Nadia y qué pinta en el relato

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