lunes, 7 de diciembre de 2015

Desde el más allá


Ayer por la tarde me encontré a Juan. Yo subía hacia mi casa desde la poza del Cuervo por el lado izquierdo de la carretera, mientras él bajaba alegremente por el lado derecho en dirección a la venta Diego, alejándose del pueblo. Llevaba puesta la misma ropa de la última vez que le vi. Parecía despreocupado, incluso más joven. Me quedé mirándolo largo rato, altamente sorprendido por su presencia, pero no me miró en ningún momento. Cuando pasó a mi altura me quedé quieto, mirándolo, sin atreverme a decirle nada. Él continuó su camino. Habría olvidado enseguida el encuentro si Juan no llevara dos años muerto.

Volví a mirar hacia adelante aterrado por lo que acababa de vivir. Sin duda un golpe de calor me había jugado una mala pasada, y aunque este pensamiento crecía y me tranquilizaba a cada paso que daba, no me atrevía a volver a mirar hacia atrás. Confirmar mi cordura me obligó a hacerlo varios metros después, y la ausencia de todo ser animado desde la poza hasta los primeros eucaliptos hizo respirar a mi conciencia. Corté la bocanada al encontrármelo, frente a frente, cuando volví a mirar hacia delante. Petrificado, no pude más que observar cómo se reía a carcajadas.

¿Te has llevado un buen susto, eh? Casi te mato. Me dijo. Siempre había sido un cabronazo, y así parecía recordarlo en mi mente. Seguía riéndose. Lo evité pasando por su lado y comencé a andar de nuevo, haciendo caso omiso a lo que me decía, pero su presencia no parecía querer diluirse en mis neuronas. Ante sus vanos intentos de que parara, comenzó a decirme que había sido enviado para transmitirme un mensaje. De camino a casa me habló de muchas cosas, pero sobretodo de la vida y de la muerte. Las risas iniciales dejaron paso a una seriedad y un aplomo completamente desconocidas para mí en él. Acepté con una mezcla de resignación que me estaba hablando un muerto, al menos en mi cabeza, pero no quise decir ni una palabra. Responderle hubiera sido reconocer explícitamente mi locura. Me habló de lo triste que se sentía por no haber podido hacer hecho más cosas en vida, que estaba pasaba en un instante y había que aprovecharla,  insistiendo en que todavía estaba a tiempo de no sentirme como él. Ya que se me había aparecido podía explicarme los grandes misteriores de la existencia, o si había algo después de la muerte, pero perdí la atención al comprobar que no decía nada que no pudiera encontrar en un libro de autoayuda. Hasta que mencionó a Nuria.

 Él no había llegado a conocerla. Me dijo cosas de ella que solo yo sabía, y me recordó los mejores momentos vividos a su lado. Me dijo que tenía que recuperarla, que el había visto que lo conseguiría. Tanto insistió, tantas cosas bellas había visto en nuestro futuro, y tantas cosas nos perderíamos de no dar ese paso, que los míos se vieron irracionaolmente dirigidos hacia su casa. Al llegar allí, Juan se despidió. Me dijo que tenía que hacer aquello solo, solos, Nuria y yo. Vi como se alejaba calle arriba, sin mirar la vista atrás.

Insuflado de esperanza, convencido de que una especia de fuerza divina, real o irreal, validaba de nuevo nuestro amor, pegué a la puerta. Me resultó extraño, pues hacía bastante que no lo hacía. Nuria apareció tras ella tras varios segundos, con el pelo recogido y vestida de estar por casa. Me pareció más guapa que nunca. Por la expresión de su rostro era evidente que no me esperaba. Antes de que pudiera decir nada, comencé a hablar. Le dije que sabía que había pasado bastante tiempo, que las cosas eran difíciles, pero que la seguía queriendo. Le dije que estaba seguro de que nos quedaban muchas cosas por vivir, y que podíamos ser felices juntos, que me había dado cuenta de que el tiempo pasa demasiado rápido y hay que aprovechar cada instante, viendo siempre el lado positivo de las cosas para no malgastar el tiempo, y ya no dije nada más porque apareció el hermano de Juan del interior de la casa, pasándole el brazo por la cintura a Nuria. Me quedé mudo, mirándolos como un imbécil. Me di la vuelta y comencé a andar acera abajo.

Juan siempre será un cabronazo.

2 comentarios:

  1. Me gusta. Original en su contenido. Muy bien los nexos entre lo real y lo imaginario o entre lo consciente y lo inconsciente. Bravo.

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  2. Me gusta. Original en su contenido. Muy bien los nexos entre lo real y lo imaginario o entre lo consciente y lo inconsciente. Bravo.
    Evodio Pinciano

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