viernes, 28 de agosto de 2015

Huracán


Huracán (I)


Es de noche.

La arena de mi vera viene
a esconderse tras mi espalda
mientras dunas se levantan
al silencio de mi palabra.

Siento el profundo rumor
de una mano, que baila con las olas,
de gaviotas de plata,
temerosas de morir enamoradas.

Huelo las hojas, meciéndose
sobre la envidia oscura, para
seguir durmiendo en la amargura
de sus eternas ramas.

Bailaremos en las cortinas,
jugaremos en las veletas
de las torretas más altas,
nos uniremos en el suspiro
del abrazo de nuestras almas.



Huracán (II)


Es de noche.

Un universo entero se refleja
en el espejo de agua,
mientras la luna ríe alargando
su rajada cara.

Miro hacia el infinito
del doble filo, de mi débil daga,
separa el negro cielo del mar
y sus entrañas.

Oigo el sordo sonido
del infinito soplo en mi cala, es
la pálida espuma, de las olas
que bañan mi alma.

Seré yo el viento y tú la brisa,
bailaremos en las colinas
creadas por nuestra dicha.
y donde el mar y el cielo se confundan,
allí, se perderá nuestra locura.