jueves, 6 de junio de 2013

Hora de irse


-Ven. Acércate- Echó su brazo sobre ella-. No te vayas

- Lo siento pero tengo que irme- Contestó ella-. Se hace tarde. Mira el suelo.

Siempre tomaba el suelo como instrumento para medir el tiempo. Cuando la sombra llegaba a los escalones donde se sentaban, era hora de irse. Esto hacía que durante el verano el sol dilatara la duración de sus visitas. El verano era mejor, pero aún era abril, por lo que la sombra alcanzaba pronto sus pies.

David los recogió y apartó los de ella, pues de la sombra, o eso había escuchado, no crece nada.