domingo, 4 de noviembre de 2012

Paseo


Siempre viví convencido de que aquel lugar nunca existió, que en realidad lo había inventado cuando era pequeño, que lo había grabado en su memoria, engañándose a sí mismo, como real. Esa era la razón por la cual nunca lo encontraba, a pesar de las caminatas que a veces se prolongaban desde la hora de comer hasta bien entrada la noche, cuando llegaba a casa con la mirada agachada y el no en los labios como respuesta a la pregunta que siempre le hacíamos, a veces con un cierto grado de burla que parecía no reconocer nunca. A esto lo llamábamos los "paseos de papá".

Desde que tengo uso de memoria nos contó cómo era aquel lugar y lo cierto es que yo también creí haberlo visitado durante un tiempo. Pronto otros lugares, reales, algunos por los que paso diariamente y forman parte de mi vida, ocuparon su lugar, y el que aparecía en las historias de mi padre fue relegado a otros rincones de mi mente, menos usados, hasta olvidarlo por completo. Hace poco le pedí que volviera a contármelo, pero me dijo que él también lo había olvidado, y que por eso lo buscaba.

Hace ya tres años se fue a dar uno de esos paseos y no volvió.

Lo único que me consuela es que, probablemente, por fin lo encontró.

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