martes, 24 de julio de 2012

Brillante

Le habían repetido varias veces que no podía tocar nada, sin constatarse de que su insitencia aumentaba su curiosidad y la obligaban a hacer lo contrario. Dejó la bandeja en la mesita del centro del recibidor, pero no pudo evitar echar un vistazo al resto de la suite del hotel.

Solo cogió unos pendientes bastante sencillos, que se puso enseguida, muy parecidos a los que había perdido el día anterior. Aquello le permitiría no sentirse tan culpable y la señora probablemente tardaría un buen tiempo en echar en falta sus peores pendientes. Tras dejar aquel joyero exactamente como estaba, siguió curioseando la cama, el baño e incluso el balcón, que tenía las mejores vistas, forzando una normalidad inexistente.

Cuando salió intentó poner cara de no haber cogido nada, aunque aún no estaba lo suficientemente entranada y todo con el que se cruzó supo al instante que algo ocultaba. Solo era una camarera. Pasó por pasillos y escaleras, evitando los ascensores, siempre con la mano encima del bolso donde ocultaba los pendientes y los anillos.

La esperaban fuera. El de seguridad de la puerta se despidió como siempre lo hacía de aquella chica tan maja, aunque aquella sería la última vez que la vería. El coche avanzó unos cuantos metros y desapareció por la esquina. Lupina, que era como le gustaba hacerse llamar en el mundillo, sacó del bolso algunas de las pulseras y se puso a probárselas.

¿Te gustan, cariño?

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