lunes, 6 de febrero de 2012

Ya queda menos


Lo miraba con las manos heladas y la sonrisa estática, perfilando su  horizontalidad. Alargó sus pequeños brazos sin llegar a tocarlo, aunque sintió su infinita humedad en la punta de sus dedos sucios. Extendiéndolos aún más, se imaginó a sí mismo un poco más abajo de donde estaba, a varios metros de profundidad, buceando con los ojos muy abiertos para ver lo que escondía.

Se frotó los párpados para quitarse la sal.

Su madre pronto tendría la comida en la mesa. Bajando por el mismo sendero por el que había subido, dejó al pequeño trozo de mar en la cumbre.

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