martes, 7 de febrero de 2012

Nube


Ni siquiera se dio cuenta. De haberse quedado allí, adivino de su pensamiento y mirando atentamente sus labios esperando a que se abrieran, se habría enamorado finalmente de la eternidad . Cuando se dio la vuelta y se marchó, la dejó con la palabra en la boca.

Mientras él se alejaba, la palabra quedó goteando en la comisura de sus labios, a punto de escaparse y morir como un suspiro. Ella prefirió guardarla cuando empezó a sentir su sabor ácido, con la esperanza de escupirla en cuanto reuniera la suficiente locura. De esta forma se quedó, como un silencioso y áspero rumor, en el fondo de su boca.

Pasaron los días, pero la palabra no fue llamada a los labios de su dueña. Estuvo allí olvidada durante meses , mezclada con la saliva, viajando bajo la lengua y viendo como otras, mentirosas, apretadas entre los dientes medio cerrados, salían en su lugar. Resignada, llena de rabia e impotencia, terminó evaporándose y ascendiendo al cielo de la boca, donde comenzó a crecer y a cubrirla toda, y a volverse cada vez más oscura y tormentosa. Lo que un día fue una palabra de amor, se convirtió en muchas de odio, y aquello que no había logrado el deseo iba a lograrlo el desengaño.

 Un día, con la nube oscura ya casi pegada a la garganta, decidió que no aguntaba más. Se puso delante de él y mil palabras descompuestas bajaron y se colocaron en la punta de la lengua. Solo entonces el joven de dio cuenta de lo que ocurría, y abalanzándose hacia ella, encendió la chispa de su boca con la suya.

1 comentario:

  1. Estimado Víctor:
    Este me ha gustado mucho.
    Creo que juegas muy bien con los tres elementos esenciales del relato: él, ella y la palabra
    (yo entiendo comunicación, complicidad mutua respuesta a una invitación imaginaria)
    Me parece muy bien el final tan repentino y entusiasta.
    Enhorabuena
    Ale Munardón!

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