viernes, 24 de febrero de 2012

Apagón


Una de las noches en que se fue la luz estaban cenando en la cocina, bajo el frío fluorescente que habían instalado pocos meses atrás. La oscuridad mudó a los comensales e invitó al silencio como pareja de baile, pero pocos pasos dieron antes de que el padre, de nuevo, iluminara la habitación y sesgara al silencio con la chispa de su mechero.

Mientras se dirigía a ver si habían saltado los plomos, dibujando a su paso los pasillos, los demás se quedaron sentados en la mesa. Estaban completamente quietos y con los ojos y oídos muy abiertos e incapaces, sintiendo cómo, a medida que se alejaba, la pareja volvía tímidamente a hacer acto de presencia, y finalmente a abrazarse.

Oscuridad y Silencio bailaron, durante varios segundos, sobre las cabezas. En su movimiento, la primera trató de iluminar levemente los ojos de los comensales, y la segunda de chillar su secreto en sus oídos, en un pitido cada vez más estrepitoso. Ambas enmudecieron cuando volvió la luz y se oyó un grito del padre. Una se escabullió en los rincones más ocultos de muebles y cajones, mientras que la otra huyó al lugar más recóndito y aislado de la casa.

Tendrían que esperar a que se acostaran para volver a verse.

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