sábado, 17 de diciembre de 2011

Éxtasis



Sonaron seis campanadas huecas en el silencio de la tarde. Bajaron desde la casa de las cigüeñas hasta la plaza, encontrándose con una joven que subía los escalones  sin hacer ruido. No se hicieron caso. Las primeras se dirigieron al resto del pueblo para informar de la hora, la segunda desapareció en la intimidad de la iglesia.

Tardó un poco en acostumbrarse a la ausencia de luz mientras se dirigía a las primeras filas. No parecía haber nadie. Una vez allí se sentó haciendo crujir el banco, juntó las palmas de sus manos entrelazando los dedos y arrastró a las losas su mirada húmeda.

- ¡Beatriz! Me alegra verte por aquí.-
- Buenas tardes, Padre Javier.-
- ¿Necesitas algo, hija mía?
- Vengo a confesarme.
- Ven.- Se acercaron silenciosos al confesionario.- Arrodíllate, hija.-
- Ave María Purísima.-
- Sin pecado concebida.-
- He pecado, padre.-
- Te escucho.-

Durante más de media hora sollozó en el regazo de la Iglesia.

- Yo te  absuelvo de todos tus pecados en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.-
- Amén.-
- Dad gracias al Señor porque es bueno.-
- Porque es eterna su misericordia.-
- El señor ha perdonado tus pecados. Vete en paz.-

El sacerdote se quedó en el habitáculo, respirando lentamente y reflexionando sobre lo que acababa de oir. Cerró los ojos y pensó en el mundo, y dentro de él en todas las cosas que Dios había dispuesto, en su infinita sabiduría, para el castigo de los hombres. Sintió un principio de éxtasis.

Fuera, el monumento observó los pasos descendentes de la joven mientras sonaban siete campanadas.






3 comentarios:

  1. Oooh... ¡Has dicho el evangelio...! ésa es la gran verdad

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  2. Texto abierto en el que cada cual elige el "nudo" a su gusto. Buen principio y un final un tanto incierto. Propio como ejercicio para alumnos de literatura.
    Ale Munardón

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