miércoles, 28 de diciembre de 2011

Agujero



Aquella era una aldea sin ventanas. La luz entraba en las casas por un agujero circular en el techo, que tabapan cuando llovía. Sus habitantes aún no conocían el placer de hablar de lo ajeno, por lo que no perdían su preciado tiempo en observar y juzgar la vida de los demás.

Un mal día, la pared de una de las casas de derrumbó parcialmente. Mientras la arreglaban, la familia que allí habitaba siguió haciendo su vida como hasta entonces. Los vecinos que pasaban por delante de la casa, sin embargo, fueron sintiendo el deseo de asomarse a la oscuridad del agujero. Ahora veían a los habitantes de la casa, lo que hacían cada día, sus intimidades. Al principio se conformaron con eso, pero a medida que pasaron los días comenzaron a tener el deseo de compartir lo que veían con el resto de los vecinos, para así tener una idea más completa de lo que pasaba en la casa.

Viendo que su familia era el tema principal del que se hablaba en la aldea, el padre de la casa decidió poner una sábana colgada del techo hasta que terminaran la obra. El resto se vio entonces limitado a esperar que alguna corriente de aire les dejara ver por unos instantes. Esto alimentó aún más la imaginación de los vecinos, que comenzaron a inventar historias que tomaban como punto de partida lo último que recordaban antes del velo. Esas historias se tomaron como ciertas y el pueblo entero se llenó de creencias infundadas.

No tardó en cerrarse el agujero, pero no el deseo que había abierto en sus habitantes. El acoso llegó hasta tal punto que tuvieron que dejar la casa y mudarse a la siguiente aldea sin ventanas que encontrasen.

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